01/07/08

El sueño de los campeones

Ha sido tan maravilloso que estaba deseando escribir. Por fin somos campeones. Campeones de Europa. Se acabaron todos nuestros miedos, todos nuestros complejos y decepciones. Desde ayer ya sabemos como se saborea la miel del éxito y qué se siente cuando es tu equipo el que levanta la copa rodeado de confeti ante los ojos de Europa y del mundo; ante los ojos de todos. Nos lo merecíamos por muchas razones. Habíamos estado esperando demasiado tiempo para disfrutar de algo así; cuarenta y cuatro años de travesía por el desierto del fracaso. Muchos no lo habíamos vivido e incluso algunos pensábamos que nunca seríamos capaces de lograrlo. Pero lo hicimos. Y ahora ya conocemos la dulzura de cambiar las lágrimas de la desilusión por las de la alegría y la euforia. Que nadie se las seque.
Esta Eurocopa ha sido definitivamente la nuestra, el momento que todos los españoles deseábamos, el instante de nuestra consagración en el cada vez más difícil mundo del fútbol. Poco a poco habíamos ido superando con éxito todas nuestras barreras deportivas, todo aquello que otros pueblos aparentemente más fuertes y unidos dominaban y sometían a su antojo, como algo que parecía que les pertenecía. En ciclismo, en tenis, en balonmano, en baloncesto y hasta en un mundo tan cerrado y elitista como es el de la Fórmula 1. En todos esos campos y en todos los demás habíamos terminado por triunfar, finalmente y felizmente, gracias a geniales ganadores como Gasol, Contador, Nadal o Alonso entre otros. Solo nos faltaba el fútbol, el rey de todos los deportes; el único que siempre se nos atragantaba cuando pensábamos, quizás contagiados por todos esos fenómenos, que seríamos capaces de trasladar sus éxitos sobre el césped; los éxitos de una nueva generación de deportistas que se sienten orgullosos de su país y desafían con coraje a la historia que les señala de antemano como perdedores. La historia de nuestro fútbol, la misma que tanto queríamos cambiar y que tanto había traicionado nuestras esperanzas, había sido siempre así. Dejando a un lado el oro de Barcelona '92, solo en una ocasión en 1964 pudimos cantar victoria. En Madrid, con el mismo trofeo en juego y ante la antigua Unión Soviética. Una isla en medio de un océano de desencantos, un recuerdo demasiado lejano. Insuficiente. En blanco y negro.
Ahora de entre todos los colores que llenan de matices el fútbol, parece que solo destaca el rojo y el dorado que luce España. En un deporte poco evolucionado, cada vez más condicionado por el físico y la táctica, la Selección ha provocado una auténtica revolución; un despliegue de espectáculo y lucidez a base de toque y alegría, un antídoto que viene a curar la enfermedad de la melancolía por la que estaba atravesando una disciplina tan grande como el fútbol, elevada de nuevo a la categoría de arte por los nuestros, como ya hiciera la Holanda de Cruyff o el Brasil del '70. Decía hace pocos día el periódico La Repubblica que España era como una pandilla de niños felices jugando al fútbol bajo la lluvia, con la atenta mirada de su abuelo al fondo. Es una idea perfecta para describir lo que ha sido este grupo de 23 jugadores: un equipo entrañable que nos dibuja una sonrisa gigante a todos.
Luis Aragonés ha sabido capear estoicamente el temporal Raúl durante largos meses, defendiéndose de críticas y defendiendo un estilo de juego en el que el madridista no encajaba. Un patrón en el que la idea, la calidad y el talento han desbancado al músculo. El "Sabio de Hortaleza", nuestro abuelo, ha diseñado una ópera magna integrada por once jugones bajitos que correteaban alegremente por el campo, moviendo el balón con mimo de lado a lado, acariciando la hierba por todas las zonas del terreno de juego, a veces lentamente paralizando el tiempo; a veces rápidamente mareando al contrario. Todos juntos y unidos, sin protagonismos, sin favoritismos ni desplantes, con absoluta confianza en las instrucciones del seleccionador, tocando como nunca antes la sinfonía del entusiasmo y de la ilusión de una afición increíble, bajo la batuta de un Xavi espléndido, elegido mejor jugador de la Eurocopa.
Al compás de nuestro director de orquesta, que movía el equipo al ritmo milimétrico de sus pases, el resto del centro del campo interpretaba las melodías del juego con una musicalidad de fantasía. Listos, rápidos, burlones y descarados, los Iniesta, Cesc, Silva, Senna, Cazorla y compañía, siempre pensaban unas décimas de segundo por delante del rival, triangulando con soltura una y otra vez, trazando un repertorio incontable de pases de todos los estilos inimaginables, guiados por la entelequia y la clase del que destaca en su terreno sobre los demás, y siempre con paciencia, hasta dar con el ritmo más conveniente; con la fórmula más adecuada para acabar cada jugada. La gran virtud de este equipo ha sido ganar la Eurocopa con un estilo de juego definido: el del "tiqui-taca" y el "jogo bonito" que nos gusta a todos. Gracias a esta puesta en escena han ganado todos los partidos menos uno y no han perdido ninguno, revalorizando su gran azaña. Desde la defensa, con unos inconmensurables Puyol y Marchena cada vez más inexpugnables lo largo del torneo; desde la portería, con los paradones de Iker, salvador en momentos decisivos como tantas veces; y desde la delantera, la mejor que nunca hemos tenido, con un Villa letal en los espacios cortos, pichichi del campeonato, y un Torres, héroe de la final de ayer con su golazo, peligro permanente por sus desmarques en largo. Desde todas estas claves, España ha triunfado en Austria pasando por encima entre otras, de la campeona de Europa, Grecia; de la campeona del mundo, Italia; y en el día más importante, de la selección más laureada, Alemania. Casi nada. Sin excusas.
Ayer en Viena fue ese el día, ésa fue la noche. La noche con la que llevábamos soñando tanto tiempo. Resistimos entre todos el empujón inicial de los germanos, siempre tan difíciles de ganar por su constante alergia a la derrota. Resistimos las insolencias de otro mal árbitro, de esos con afán de protagonismo. Acabamos con la mala suerte, los fantasmas que tanto nos perseguían. Llegó el gol del Niño, que marcó por fe, insistencia, velocidad y finalmente calidad para batir a Lehmann con un sutil toque picado por el único sitio por el que podía entrar el balón, para que siguiéramos soñando. Y seguimos jugando igual. Siempre buscando el gol, intentando rematar el partido. Sin acierto anoche, eso sí, pero con la misma insultante categoría y superioridad que nos ha caracterizado y que nos ha convertido en el equipo de moda. Nada ha sido nunca en esta Euro por chulería, no hubo jamás banalidades. Todas las acciones tenían un sentido; ya fuera controlar el juego, ir a la presión, salir al contrataque o marcar un gol. El encuentro acabó con nuestros pequeños talentos haciendo rondos en el área alemana. Siempre con generosidad, la misma que han lucido estos auténticos campeones dentro y fuera del campo, acordándose de los que ya no están, como Genaro Borrás o Antonio Puerta; recordando y homenajeando a los que ya estuvieron, como hizo Palop con Arconada.
Ayer fue nuestro momento y nos tocó a nosotros levantar la copa. Ese era nuestro sueño antes de que la pelota echara a rodar en Suiza el pasado 7 de junio. Otras selecciones con menos virtudes lo habían conseguido anteriormente. Por qué no íbamos a poder lograrlo nosotros? Teníamos tantas o más razones que los demás para seguir soñando. Y de ensueño jugamos para conseguirlo; para alcanzarlo. Y por fin lo hemos alcanzado. Somos los campeones. Y aunque ya no es ningún sueño, por favor, que nadie nos despierte.   
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23/06/08

Pudimos!

Tanto "podemos, podemos" que al final por fin pudimos. La Selección Española rompió su particular maleficio en los grandes campeonatos consiguiendo su pase para las semifinales de la Euro 2008 de Austria y Suiza, eliminando para ello nada más y nada menos que a Italia, actual campeona del mundo. Ese era, por cierto, otro de los gafes con los que había que terminar; el de no ser capaces de vencer en competición oficial a un equipo campeón del mundo. Nunca lo habíamos hecho y por fin lo logramos. Y es que ayer era una noche para quitarnos todos los complejos de encima y romper con una historia de pesimismo y mal fario que ha durado demasiado tiempo. España, selección abanderada de una de las mejores ligas del mundo, no podía ni merecía seguir cargando con ese peso; con un lastre que conjugaba tantos elementos adversos: los temidos cuartos, los enfrentamientos contra los campeones, la aciaga suerte de los penalties, los encuentros en fecha 22 de junio... Ayer por fin terminamos con esa acumulación de injusticias y mala suerte que tanto agobio y presión nos creaba, que tanto nos perseguía. Anoche finalmente cambiamos el signo de nuestra historia y exterminamos a todos nuestros fantasmas. Y el arma definitiva estuvo en la portería.
Pero no solo las paradas de Iker acabaron con nuestro particular Via Crucis. En un partido tenso, largo y agobiante, atenazado por el calor de Viena y el enorme respeto entre ambos equipos, España en su conjunto dio siempre la sensación de estar un par de peldaños por encima de Italia. Antes de que apareciera el héroe Casillas para parar primero dos goles cantados y luego dos penalties, los otros integrantes de la Roja completaron un gran partido ante la última campeona mundialista. Dominó España la posesión de forma casi apabullante, creó las mejores ocasiones, lanzó cuatro veces más a puerta, llegó más al área rival (incluyendo muchos más saques de esquina), le puso más ganas e intensidad al choque y en definitiva controló todos los aspectos que rodean el fútbol, mimándolo con paciencia y toque, con una personalidad y una ilusión de las que ha hecho gala durante casi todo el campeonato y a las que solo les faltó anoche el acierto del gol.
Italia por su parte, vivió como siempre en el alambre, agazapada atrás esperando el error del contrario; alguna contra, algún pelotazo o algún rechace que pudiera cazar Toni, un estorbo permanente, una pesadilla constante para unos expléndidos Puyol y Marchena; delantero letal sinónimo de un peligro latente que daba la sensación de poder machacar el partido y nuestra esperanza en cualquier momento. Pero afortunadamente el gigante italiano tampoco marcó en su último partido. Marchena con su nuca primero, y con su pierna derecha estirándose en un medido centro desde la izquierda después, lo evitó providencialmente. Su amenaza en la sombra solo inquietó dos veces más. La primera para pelear (en posible fuera de juego) un envío por alto que acabó en un chutazo de Camoranessi dentro del área que desvió Casillas con el pie, en la ocasión más clara del partido. La segunda para quitarle un balón de oro a Grosso cuando se disponía a sellar nuestro destino fatídico por enésima vez. Eso y un remate de Di Natale que sacó magistralmente Casillas fue lo único que propuso Italia, muy decepcionante en toda la Eurocopa.
Nosotros fuimos otra cosa, más bien lo contrario. Muy incisivo estuvo Silva por las dos bandas. Desacertados, pero voluntariosos Torres y Villa, tampoco marcaron, aunque dejaron la sensación del coraje de los que quieren ganar cueste lo que cueste, levantándose rápidamente a cada sacudida italiana, a cada oportunidad perdida e incluso a las notables fanfarronerías del árbitro, demasiado tendencioso en todo el encuentro. Inconmensurable anduvo Senna en el medio campo, que realizó un partido expléndido, dando una lección de colocación y salida de balón desde el primer minuto hasta el último de la prórroga. Ayudó en el peso y la iniciativa del juego que dirigió Xavi en la primera parte y Cesc en la segunda, y suya fue la mejor ocasión para España, en un potente disparo desde 25 metros, en el que Buffón a punto estuvo de repetir la cantada de Arconada del 84 en el Parque de los Príncipes de París. El palo evitó el 1-0.
Una a una las ocasiones se nos escaparon y la contienda apeló a la épica para llegar a los penalties y mirar frente a frente a todos nuestros complejos. Yo ya pensé que no pasábamos, lo confieso. Pero todo lo que siempre nos había faltado en los penalties lo tuvimos anoche. La suerte, la frescura, la casta, las ganas y el acierto. La mentalidad que tanto nos había patinado desde los once metros finalmente salió a relucir en los elegidos de Luis Aragonés. Solo falló Güiza. Los demás dieron una lección, constituyeron un ejemplo de concentración y mostraron una sed de victoria como yo nunca antes había visto en España. El resto ya lo sabemos. Casillas ganó su duelo con Buffón y Cesc, un chico de mi edad, nos metió en semis. Hoy ha dicho en rueda de prensa que él y sus 22 compañeros no venían a esta Euro a romper el maleficio de los cuartos, sino que están en Austria para ser campeones de Europa. De momento lo primero ya lo han logrado; ya han cambiado la historia de la Selección. Y hecho lo más difícil, sobrepasando aquello que nos oprimía y sin fantasmas que perturben nuestros sueños, qué fácil parece ahora iniciar una nueva etapa más gloriosa, más acorde y más justa, que pasa por vencer a Rusia este jueves y que puede acabar felizmente el día 29.     

Posted by Maeliño at 23:25:36 | Permanent Link | Comments (0) |

16/06/08

Transportistas egoístas

Reaparezco en el blog después de la sequía de los exámenes, que afortunadamente ya terminé, y afortunadamente parece que con buenos resultados. He ido paso a paso recuperando mi vida. Primero dormí como una marmota, después me dediqué a terminar de engancharme con la Eurocopa y ahora retomo mis confesiones online. Tenía algunos frentes abiertos que quiero tocar antes de que sea demasiado tarde, como las sensaciones contradictorias que tengo sobre la Selección en ese gran torneo futbolístico que se juega en los Alpes o la lucha cada vez más mermada de Pau contra los Celtics para llevarse el Anillo de la NBA (2-3 desde ayer). Pero no me apetece mucho escribir hoy, así que lo dejaré para los próximos días.
Tan solo quisiera criticar públicamente una cosa que no me ha gustado de la última semana: la huelga de los transportistas. Hoy me levanté escuchando en la radio que otra vez las carreteras sufrían atascos por culpa de piquetes cabreados. En este caso se trataba de los accesos a la Comunidad de Madrid, pero no olvido que el otro día eran sus principales arterias (entre ellas la A-6, por la que marcho desde mi casa a la Facultad y viceversa) las que tenían la mayoría de sus carriles colapsados por camiones en señal de protesta. Alguien se imagina que de repente no me hubiese dado tiempo a llegar a mi último examen del pasado viernes por culpa de unos pocos manifestantes? A quién hubiera tenido que reclamar mi suspenso? Peor aún; alguien es capaz de plantearse qué hubiera pasado si alguna ambulancia no hubiese podido atender a tiempo a los heridos de un accidente por culpa de todo este pitoste?
Me parece muy bien que hagan huelga y reivindiquen sus derechos. Es lícito que supliquen por la mejora de sus condiciones laborales. El problema es que al hacerlo, perjudiquen a los demás; a los que no quieren ejercer ese derecho y usan las principales autovías para dirigirse a trabajar o a cumplir con sus obligaciones o intereses sin más; sin molestar a nadie. Me parece muy egoísta por parte de los transportistas llamar la atención de las autoridades y de la opinión pública saboteando a aquellos a los que ni les van ni les vienen sus pretensiones. La huelga es un derecho; no una obligación ni un puñado de horas de atasco por culpa de unos cuantos que no son ni mucho menos "los reyes de la carretera". Menos mal que en esta ocasión no les dio por tirar con las mercancías para proclamar su huelga a los cuatro vientos. Recuerdo hace años cuando arrojaron toneladas de fresa al aslfato. Y mucha gente mientras tanto, muriéndose de hambre.  

Posted by Maeliño at 17:32:09 | Permanent Link | Comments (0) |

09/05/08

Que no bajamos!

SÍ! Después de una sufrida temporada, después de mucha tensión, de verlo todo perdido varias veces, al final, el Estudiantes ha ratificado su permanencia en la ACB en la última jornada tras imponerse al León por 71-96. Paradójicamente, en el partido más tranquilo del año, en el que mejor ha jugado y además logrando algo que no había conseguido en todos los encuentros anteriores: ganar tres consecutivos.
Pese a todo lo he pasado muy mal, he de reconocerlo. Admito que no me terminaba de fiar durante los 40 minutos, aunque el equipo llegó a manejar rentas de 20 puntos. Después de una temporada como ésta donde habían pasado tantas cosas, donde el Estu se había ganado a pulso el calificativo de "pupas", donde lo único que nunca falló fue la afición... casi era mejor no confiarse.
Pero finalmente nos hemos salvado. Los jugadores han cumplido la palabra que reza el eslogan que puso en marcha el Club para no descender a la LEB, y con su ilusión han certificado el ya famoso "que no bajamos". Qué partidazo con 16 triples, a dos del récord histórico de la liga; qué nivel de concentración; qué defensa; qué casta; qué dominio del juego por parte de Gonzalo y Sergio; qué intensidad de Perasovic desde el banquillo, involucrando a toda la plantilla; qué grande el capitán, Pancho "qué bueno que viniste" Jasen, acordándose de Mariano de Pablos al terminar el partido en sus declaraciones a TVE; qué aportación de Lewis con 20 puntazos; y sobre todo, qué maravillosa afición, posiblemente la mejor de Europa, que llenó un tren entero para presentarse esta noche en León, a teñir de azul las gradas del pabellón; a animar al equipo en su partido más importante en 60 años de historia.  Lo siento mucho por la gente de Valladolid, lo digo de corazón. Pero hoy los colegiales respiramos y estamos felices. Esta noche a celebrarlo a la Fuente de los Delfines. Allí con la Demencia; con los jugadores! ESTU-DIANTES!
Posted by Maeliño at 23:05:20 | Permanent Link | Comments (1) |

Fea

Ahora que por fin he dejado de descojonarme y puedo escribir, comentar que todo esto ha sido gracias a Juandi. Estábamos ayer, día 8 de mayo, día de la huelga de estudiantes por lo de Bolonia (hay alguien más como yo; que no sepa de qué va y que pase del tema?), disfrutando de una mañana de relax en la cafetería de la facultad, sin ninguna clase por la que dejarnos caer y sin ganas de empezar a estudiar los inminentes exámenes; cuando hablando de música en mitad de un pincho de tortilla y una napolitana de crema, de repente me puso a escuchar de su móvil una canción de lo más cachondo que os recomiendo a todos encarecidamente. Se titula Fea (pero te quiero), y es de Alfredo Pérez y Fernando Álvarez, unos.... cómo diría...; unos "cantautores-humoristas" que tienen también por ahí algún que otro tema bastante interesante (meteros en el MySpace de Fernando). Merece la pena darle al play y reirse un rato ;)





alt : http://www.youtube.com/v/lVUxepHEiOo&hl=es
Posted by Maeliño at 15:46:39 | Permanent Link | Comments (0) |