Wednesday, December 10, 2008

Cuentos en una frase II

El viejo y bohemio Cuentacuentos llevaba griposo desde que el yogurt de macedonia todavía pertenecía a Yugoslavia y desde que las telarañas de su cripta habían conquistado también la cocina, llegando hasta el fregadero mugriento. Ha sido un vasto periodo de letargo en su enorme cama de emperador de la pluma vieja, reposando en busca de la inspiración más creativa que las vistas al cementerio pudieran traerle en una brisa de espanto y hojas resecas de otoño. Pero finalmente ayer me telefoneó y me confesó su nueva ocurrencia para mi blog. Al citarme con él, en las cuencas negruzcas de sus ojos maléficos, el señor de los eruditos del más allá reflejaba cansancio contenido mezclado con ganas férreas de retomar su otra gran obra inacabada: el interminable repertorio de Cuentos en una frase. Habiéndose empapado de manuales de letrados-zombie y tras tragarse numerosas parodias de los Monty Python para saber plasmar en su estilo literario todo el humor que lleva dentro, Cuentacuentos, escritor con alma de fantasma en todos los sentidos, se decidió a proseguir con la colección abordando el tema del que mejor supo escaquearse en vida: la justicia. Con todos vosotros, tras muchos días sin actualizar el rincón del RetRaiveR, un nuevo cuento de dos líneas titulado El acusado sin-vergüenza… 

“Cuando el juez reclamó la presencia del acusado en el estrado para que le vieran las partes, éste subió y se bajó los pantalones”

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Friday, October 31, 2008

La noche de Halloween

Hace 2.500 años los antiguos celtas temían la noche de víspera de difuntos porque decía una remota leyenda del pasado, que en la unión del fin del verano con el principio del invierno, los espíritus salían de sus escondrijos aprovechando la caída del sol. Entonces, coincidiendo con los últimos rayos de luz naranja del crepúsculo, moraba entre las tumbas de los cementerios, con sonrisa diabólica y sombrero de bruja macabra, el terror de todas las criaturas. Un extraño personaje de silueta delgada, capa oscura y ojos largos y brillantes, al que las gentes, asustadas, trataban de evitar encerrándose en sus casas. Lo llamaban Halloween…
Corría el año 300 a. C. y el Señor Halloween se desperezaba en su mausoleo, entre ratas pestilentas y telas de araña en las esquinas. Esa noche saldría a dar un paseo con los lobos y a patear calabazas. Se cepilló sus dientes afilados y verdes como el musgo de los robles del norte, se vistió con su traje negro de larga capa con forma de ala de murciélago y tras ponerse su sombrero puntiagudo medio ladeado, salió de la cripta tarareando una tétrica canción de muertos vivientes. Hacía una noche estupenda con luna llena en un cielo salpicado de estrellas parpadeantes, cómplices en su infinitud de sueños intranquilos para seres de corazón noble. El Señor Halloween caminaba entre los árboles desnudos de un bosque siniestro, a paso ligero codeándose con gracia entre una maleza llena de bruma espesa de gris opaco. Por el camino asustó a dos lechuzas que lo miraban agazapadas en la oscuridad de sendos troncos carcomidos por el paso del tiempo. Sus enormes ojos amarillos enseñaron el miedo por primera vez en sus vidas. Cuando la segunda escapó volando, el Señor Halloween soltó una inquietante risotada.
Entre las lápidas del cementerio del pueblo se encontró con varios fantasmas que gritaban lamentos con profundo y amargo dolor. Pululaban entre los nichos atravesando obstáculos con nerviosismo, destellando con una luminosidad triste como nubes de tormenta. Los saludó con efusividad y se entretuvo unos minutos asustando a algunas alimañas solitarias que se acercaban al camino del camposanto.
Cuando bajó el sendero y llegó a la plaza principal de la aldea, soltó una nueva risotada. Sonó tan aguda y estridente, que las pocas luces que quedaban encendidas en varias de las casas colindantes se apagaron súbitamente, casi al unísono. El Señor Halloween disfrutaba mucho paseando por las calles vacías respirando el pánico de la gente. Le encantaba que le dejasen adornos putrefactos colgados de las puertas y ventanas. A veces incluso roía algún hueso que encontraba por ahí tirado. Era su noche favorita del año, la noche donde los aquelarres congregaban más brujas, donde los muertos se intentaban acercar a los vivos para asustarlos. Era la noche de Halloween y una sombra oscura se movía siniestra por las calles, en soledad plena.
Descendió un poco más por el caminito hacia las afueras y entró en una pequeña finca llena de calabazas. Arrancó muchas, pisoteó bastantes riendo jocosamente en cada fechoría. Arriba en el cielo, la luna temblaba con cada alarido travieso. El río sonaba triste recordando a melodía fúnebre de organillo y monstruos extraños moraban en la profundidad de sus aguas turbias. Recogió de aquella huerta la más grande de todas las calabazas que pudo hallar y la llevó consigo de vuelta nuevamente hacia el pueblo. Una vez en la plaza principal, la dotó de un rostro malvado y desafiante con dos enormes ojos como los suyos y una gran sonrisa de afiladas mandíbulas. Acto seguido, la colgó de lo alto de la fuente de la plaza en uno de los salientes de la figura de piedra y entonces, sirviéndose de una ráfaga de viento que arrastraba hojas secas de otoño consigo, sentenció berrando con furia burlona a los cuatro costados palabras de magía arcana: “Viva la noche de Halloween, temblad todos de miedo y sabed que mientras no haya luz los espectros son los amos de la tierra, para sembrar el terror a todo aquel que se cruce en nuestro camino. Aceptad el trato o asumid las consecuencias”. Y el Señor Halloween de nuevo se echó a reír, esta vez mucho más fuerte y exageradamente. Era el dueño de la noche. La noche que tras toda una eternidad se ha hecho famosa en el mundo entero perdurando hasta nuestros días. La noche que ahora lleva su nombre.

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Wednesday, September 24, 2008

Teatro de Cuentacuentos (II)

El viejo y bohemio Cuentacuentos ha estado últimamente más muerto que vivo, sonriendo maléficamente al paso inquietante del tiempo mientras los gusanos de su estómago han ido poco a poco devorando la escasa carne enclenque que todavía cuelga de sus huesos carcomidos. Sin embargo, después de tan vasto periodo de inactividad creativa, ayer su genio inspirador de ultratumba se levantó de su enorme butaca de terciopelo rojo para continuar con su gran obra literaria dramático-prosaica-poética; la que confía que le lleve de una vez por todas al Panteón eterno de los Eruditos, ese místico lugar que nunca debió echarle como socio y al que sin duda pertenece. Hoy, en la Cueva del RetRaiveR, la caverna de las pequeñas grandes historias, este caballero de las artes escritas del más allá, nos presenta las dos siguientes escenas del primer acto de su ópera magna: Don jose, galán de Moncloa. Cansado de que le tachen de macabro y de que le acusen de ser el principal culpable del cambio climático debido a las cantidades industriales de laca que todas las mañanas se pone para fijar su cabellera podrida, Cuentacuentos se defiende a base de citas célebres románticas y profunda sofisticación en sus escritos. Él siempre afirma que “hay buenos y malos escritores, pero son preferibles los malos porque así uno cuando los lee, los entiende mejor y se siente más culto”. Genio y figura… del Ninframundo.  


            DON JOSE, GALÁN DE MONCLOA

                                     Acto I
     Escena II (Jardines del Castillo de Villalbium)
     [Personajes: Capitanes del Ejército del Rey, Rey Manu, Don Jose]

(Aparecen caminando en mitad de la noche los capitanes Héctor y Míguel, dando un paseo juntos por los jardines del Castillo)
CAPITÁN HÉCTOR:  Pero qué pasa, Míguel! Extraña noche de luar, en la que tendremos que sobar, por no poder salir de fiesta y disfrutar. Qué tristeza para el otro meu, nuestro antiguo rey, que por terminar con su reina, pasa a ser príncipe meu, sin corona y sin trono acolchado, estaba en la cena acomplejado, meu. Es dura la ruptura, cuando parece que no vendrá, mas no crees, querido topo, que si la cosa empieza a fallar, mejor es terminar, antes que seguir y luego lamentar?
CAPITÁN MÍGUEL: Pedazo de Kaskully! Bien es verdad, que rey en breve no será, pues sin reina, de esta guisa gobernar, es una utopía, de cuyos favores pienso pasar a tiempo, que si no me la lía. Lástima de reina, que muy bien me caía, pero hay que tirar pa’ lante, como hacen los de Alicante, EHHH! [*gesto mítico de Míguel] Es preferible primero pasarlo mal, pozi, y después uno empieza a remontar, como le hace Pedrosa a Rossi. De toas formas, pedazo de Cervuno, mejor haría nuestro antiguo rey, ahora nuevo príncipe, en dejar de sollozar por lo que pudo ser y no fue, y hey! Salir a divertirse…
CAPITÁN HÉCTOR: Es una gran idea, Míguel! Si algo ocurriese, que a Manu meu convenciese, para salir afuera de fiesta, algunos problemas se irían, buscaría a sus males él la salida, jaja, gracias a la bebida. Entonces, meu, tal vez empezar a remontar fuese el resultado. Antes en la cena estaba raro, triste y frustrado. No sería genial que Jose, nuestro meu, estuviera de vuelta desde Francia? Manu también se animaría! Ha pasado tanto tiempo, que yo casi ni me acuerdo, de las juergas que cogimos, saltando entre mil garitos, renunciando yo a la gaita, por beber, reír, bailar; por juntarnos de parranda! Querido topo, das fe de los rumores, que anuncian su llegada?
CAPITÁN MÍGUEL: De eso no sé nada, solo albergo, pues, la esperanza. Ay! En estos tiempos de mal trago, añoro la cerveza fría y las aceitunitas de su casa…
CAPITÁN HÉCTOR: De las de la casa de Su Majestad, el futuro príncipe Manu?
CAPITÁN MÍGUEL: Sí, EHHH!
CAPITÁN HÉCTOR: Vamos, que no me estabas escuchando… Pero si de Jose te estaba yo hablando!
CAPITÁN MÍGUEL: Lo sé, qué topo! Mas nada de él, noble galán donde los haya, volví yo a saber, qué rabia! Su ausencia despierta en mí el frenesí, que te juro que no es por ti, de confundir recuerdos y sentimientos. La cerveza del Dátiles, con las aceitunitas de Manué, reunidos todos contentos! Ojalá Jose estuviera aquí, juntarnos para salir todos por fin, protegidos entre una borracha muchedumbre, y dejar así de crearte tanta incertidumbre.
CAPITÁN HÉCTOR: Incertidumbre?
CAPITÁN MÍGUEL: Ah! Con los pies en la cumbre! [*gesto mítico de Míguel]

(Entra Don Jose a lomos de su corcel amarillo, que queda aparcado a un lado)
CAPITÁN HÉCTOR: Ey, tipiño! Has escuchado eso, lo has recibido?
CAPITÁN MÍGUEL: Qué sí, pesao, que a todo cuanto me dices, pura atención presto con mi oído.
CAPITÁN HÉCTOR: BOH, que no! Pero qué dices, home! Yo me refiero a ese extraño ruído… tal vez el de nuestro Ibiza amarillo preferido?
CAPITÁN MÍGUEL: Pues es verdad, tío! No es ese Jose, el bienvenido?
JOSE: OOOH, SÍ! Esos cracks a los que veo!!! Hace mil que no lo hacía, tanta Francia y tanto tema, menos mal que aunque te quema, ahora explotas de alegría!
HÉCTOR Y MÍGUEL: Qué guapo que ya estés de vuelta! Te echábamos de menos!
JOSE: OH, SÍ! Gracias por vuestras palabras, nenos! Es una maravilla estar de regreso, necesitaba la pesquita, las cañitas, el futbito, compartir tanto tonteo! Necesitaba mi España! Diuuus, qué sonrisa que tengo, YAHOOO! [*gritito mítico de Jose] Tenía ganas de veros! Qué tal está por aquí el tema? Novedades necesito, que después de casi un año en Francia, solo queda que me pongáis al día. Eso sí, rápido, en un ratito, pues cansado del viaje llego, y a mi kelly tiro en un fliqui, a tener mi descanso merecido.
CAPITÁN MÍGUEL: Ahora estoy tan feliz, que me da pena que te pires tan rápido y me acerques en tu coche a mi casa, todo majo, EHHH! Pero antes te diré, colega mío, que ahora soy Capitán del Ejército de Su Antigua Majestad, prontamente Príncipe de las Juergas Villalbinas, y que dirijo mil batallones de Ciriakas en Zaragozum, sabes? A donde en breve marcha mi Helen y a donde mañana parto con galones, después de la comida. Tengo una nueva montura, la Kawa, chaval, de todas las motos posibles, es la que no tiene rival.
CAPITÁN HÉCTOR: Y yo te diré, qué tipiño más crack estás hecho, que de pleno derecho, soy Capitán del Ejército de Su Antigua Majestad, prontamente Nuestra Alteza corazón malherido, pero mis batallones están en Alcobendium. Tengo un nuevo corcel, Octavia es como le llamo, negro y feloz como el rayo, que está ahí detrás aparcado. Soy el más rápido de todos en las carreras, el que más corre, estoy cachas y me he hecho un pendiente, símbolo de la seductora mente, del honrado galán y militar valiente.
JOSE: OH, no! Estos militares anacletos! Míguel se pira mañana, Meu continúa en Alcobendium! Me alegro al menos de que os vaya todo bien, chicos. Antes de vuestra partida, tenemos que cenar juntos, disfrutar de una buena comida! Mas contadme si os place también, qué fue de Manu, al que describís como destronado, y qué fue de los otros nobles villalbinos, como el bueno de Ben?
CAPITÁN HÉCTOR: Manu está en su castillo, tristón y disgustado. Tras meses de relación, con su novia lo ha dejado. Eso significa que ya deja de ser rey meu, sin reina a su lado príncipe continuará, soltero apalancado. Lleva gorro negro, sombrero de las heridas de un verano complicado. No ríe, no sale. A todo cuanto le propones, a todo dice que “vale”.
CAPITÁN MÍGUEL: Yo del noble Ruben no sé mucho, pero él sí sigue con la princesa Yadi. Estudia, descansa, va de pesca. Pasea y toma cervezas. Anima al Madrid si no sale. Bueno, qué coño, lo anima aunque no salga!
JOSE: Oh, sí, jeje. En eso no hay pero que valga.

(Se asoma a la ventana del Castillo el futuro príncipe Manu, mosqueado por tanto ruido)
MANU: Madre mía, cuánto escándalo. Así es imposible dormir. Bastante tristeza arrastro, bastantes miedos y problemas, para intentar sobar así! Qué pasa en los jardines del Castillo, a qué viene tanta voz de libre albedrío?
JOSE: OOOOH, SÍ, Manu!!! Qué tal vas, chiquitín?
HÉCTOR Y MÍGUEL: Sorpresa! Jose es el que está aquí!
MANU: Qué alegría! Qué gran noticia por fin! Después de un año de Erasmus, Jose retorna a Madrid! Cuándo llegaste, cómo te encuentras, cuándo salimos?
JOSE: Acabo de volver, estoy destroy, pero salgamos mañana a comer!
CAPITÁN MÍGUEL: Pero mañana marcho al cuartel!
MANU: Entonces retrasa tu entrada en casa, sube al castillo con los meus; cenemos juntos de nuevo, para recibirte bien.
CAPITÁN HÉCTOR: BOH, qué carallo! Pero, meu! Vamos a cenar otra vez? Yo ya no tengo hambre, lo que quiero es salir y beber. Aunque pensándolo bien, reunirnos todos de nuevo, puede ser un placer.
JOSE: Subamos los tres entonces, pues.

                                                   Acto I
        Escena III (Gran salón-comedor del Castillo de Villalbium)
[Personajes: Capitanes Héctor y Míguel, Jose, Rey Manu, Príncipes Jaime y Ruben, princesas Yadira y Miriam, mensajero real]

(Entran en la sala el todavía Rey Manu, los Capitanes del Ejército Héctor y Míguel, junto a Don Jose. Los nobles villalbinos están jugando al Póker, reposando la cena)
DON JAIME: Voy con cinco.
PRINCESA MIRIAM: Ala, Menu! Tan poco dinero tienes?
DON JAIME: Joé, Miri. Es que estoy pelao! Jeje. Qué quieres?
DON RUBEN: Es que fijo que es un farol, tronco. Veo tus cinco y pongo cinco más: diez. A ver si me vences, pardiez! Shiiii! [*silbido mítico de Ruben]
PRINCESA YADIRA: Mmmm, no sé…
JAIME Y MIRIAM: Qué?
PRINCESA YADIRA: No, que no sé quién ganará a quién, jiji.
JAIME Y MIRIAM: Ah, bien!
PRINCESA MIRIAM: Pues yo paso de perder.
DON JAIME: Venga, veo tus diez.
DON RUBEN: Vale, qué tienes?
DON JAIME: Un As en la manga, jeje.
DON RUBEN: Yo tengo full de ases y reinas. OH, sí! Jejeje.
DON JAIME: No tan rápido, amiguito. Escalera de color; súbela a gustito. 
DON RUBEN: Ouch, qué mal.
DON JAIME: Jaja! He ganado, Miri!
MANU: Hemos ganado todos!
TODOS: Qué?
DON JAIME: Qué?
MANU: En efecto, queridos nobles de Villalbium, mirad quién ha llegado de duro viaje desde Francia, sin pagar un peaje. El último noble del Parque de La Coruña, aquel que no busca jamás bulla. El rey de las fiestas y los rulos de por ahí; el galán que vuelve a España a recuperar su título de crack de la noche: servirle ponche a Don Jose!
JOSE: Oh, sí; chavales! Jaja. He vuelto!
PRINCESA MIRIAM: Ven Yadi, recojamos las cartas de la gran mesa. Ayúdanos con esta silla, Menu. Y que Jose, cansado, se siente en esa.
JOSE: Ha sido un viaje largo y estoy un poco destroy, pero para seros sincero, todavía no he terminado por hoy. OH, Sí! Me alegro de veros a todos tan bien! Qué alegría, chicos, qué felicidad! Qué razón lleva el que dice que como en casa en ningún sitio, no veáis cuánta verdad!
DON RUBEN: Ese Jose, jejeje. Cómo me alegro de verte, de aquí tenerte al final. Esto de que no estuvieras presente en las juergas, lo estaba llevando fatal. Qué crack!
PRINCESA YADIRA: Me alegro de verte, Jose.
TODOS: Qué?
DON JAIME: Qué?
PRINCESA YADIRA: Que me alegro mucho de verte, joé. [*gesto mítico de Yadi cruzándose de brazos]
TODOS: Ah, es que no te escuchamos bien!

(Entra un mensajero trayendo una carta para el todavía Rey Manu)
MENSAJERO: Para vos, ejem, perdón por la tos.
MANU: Podéis retiraros, gracias. Disculpado por tu voz.
PRINCESA MIRIAM: Quién escribe, quién os llama?
MANU: [leyendo] Es una invitación desde Rivas, con vistas a mañana: “Me complace convidaros a ti y a Don Jose, Galán olvidado de la noche madrileña, a un Concilio en la capital, ahora que está de vuelta, para olvidar todo nuestro mal, y beber toda la peña. El motivo es mi marcha, a las lejanas Italias, me voy cuando vuelve Jose, sé que es una putada! Acabo de enterarme de su retorno, pues las noticias han volado. Espías míos del norte, pescando de camino lo han pillado. Os espero en Quevedo a las diez, los duques allí aguardamos. Sin exámenes, sin temores; nuestro momento ha llegado. Con cariño, en el Sigland, no merendéis, os lo he avisado. Álex, quién esto ha firmado.
DON JAIME: Un mensaje de los Duques de Rivas!
JOSE: Oh, sí! Tengo ganas de verlos, neno! Aunque pena me da que Álex se nos vaya. Para compensarlo saldremos a saco, vayamos a montarla!
DON RUBEN: El castillo a buen recaudo queda, con Jaime y yo al mando. Id sin miedo, Su Alteza, desconectad de todo un rato.
HÉCTOR Y MÍGUEL: Por nosotros no os preocupéis; pues mañana nuestra partida nos aguarda, a Galicia y Zaragozum, toca retirada. Os rogamos no os rajéis, por el gorro no os rayéis: salid a desfasar, a pasarlo pirata: a dar la campanada!
YADIRA Y MIRIAM: Sí! Id, Manu, id a reir sin cesar; a bailar, a respirar aire fresco, a salir al fin de casa, a cenar con todos éstos!
TODOS: Qué?
PRINCESA YADIRA: Jo! Si he dicho lo mismo que Miriam!
TODOS: Ahm.
DON JAIME: Mi-rriam!
MANU: Así pues, no se hable más, me habéis convencido. Es bueno que me despeje, que no llegue la sangre al río. Que me vaya finalmente de fiesta, a disfrutar con mis amigos. Los Duques de Rivas a un lado, los nobles de Villalbium a otro. Suena interesante al menos, un Concilio de despedida, una juntanza en corro. Confirmaré mi asistencia a Álex, para decirle adiós con gusto. Qué digo “adiós”, si no es para siempre! Le diremos tan solo “hasta pronto”! Me olvido de mi cabeza, presumiré de gorro!
HÉCTOR Y MÍGUEL: Bien dicho, Alteza!
RUBEN Y JAIME: Qué energía, qué viveza!
YADIRA Y MIRIAM: Acabado lo malo, lo bueno seguro empieza!
MANU: Sin reina, ahora príncipe, tendré que acostumbrarme a eso de Alteza. Me gustaba más majestad, pero al menos una cosa está clara: pienso a partir de ahora venirme arriba, disfrutar y desconectar!
JOSE: Así me gusta, querido Manu; verás cómo lo vamos a pasar.
CAPITÁN HÉCTOR: BOH, qué carallo, meu! Pero antes cenemos y riamos todos juntos, que Jose primero nos tiene que contar!
CAPITÁN MíGUEL: Sí, sí, cabrones; que mañana yo me piro a Zaragozum, y tendré que madrugar.
JOSE: Entonces pues, mi historia os empiezo a contar. Que los sirvientes traigan chupitos, que los vamos a necesitar!

(Se va oscureciendo el escenario a medida que Don Jose empieza a contarles a todos los nobles villalbinos sus vivencias francesas)

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Tuesday, April 1, 2008

Teatro de Cuentacuentos (I)

El viejo y bohemio Cuentacuentos ha estado últimamente descansando en su cripta perdida en el tiempo, ideando su próxima obra… y por fin la ha terminado! El maestro de la literatura del Otro Lado, el genio autodidacta del más allá, el no-vivo más creativo del universo eterno de la muerte putrefacta; acaba de dar los retoques finales a su nueva y grandiosa Ópera Magna; una pieza de teatro en estilo verso-prosa que ha dado en llamar Don Jose, galán de Moncloa. Después de largas negociaciones conmigo, se ha pasado por el forro todas mis recomendaciones de consultaros previamente, etc., y ha decidido violar medio Código Penal para, inspirándose en las vidas de todos vosotros, crear los personajes de su nueva historia y colgarla en el blog. Lo único que he logrado a cambio es convencerle para ir publicando su libro escena a escena por entregas -no entero de una tacada-, para que así seáis vosotros los que, en caso de que os guste, permitáis que el relato continúe. Cuentacuentos es indomable y se salta a la ligera tanto los derechos de autor, como aquellos comentarios de anónimos que sútilmente le acusan de plagio y no entienden sus pretensiones literarias, sin haber leído bien el sentido de sus palabras, cegados por el intento de querer dejarle en evidencia a él; testigo milenario de la historia escrita.


            DON JOSE, GALÁN DE MONCLOA

                                     Acto I
     Escena I (Ladera de Montpellier en la madrugada)
     [Personajes: Don Jose, Brujos Cabroncetes]

JOSE:  OOOH, No! Qué extraño sentimiento! He aquí mi alma postrada de tanto montármelo, aburrida de tanto buscármelo, perdida de tanto encontrar, con quién he de disfrutar, en esta Francia tan fría, igual la noche que el día, mas pensando que al acabar la faena, al finar los gritos, gemidos y el fuego interno; luego me llega la pena, de sentirme sin la compañía, de los colegas de verdad. Eran cracks estos gabachos, al menos en un principio; pero con el paso del tiempo, ha llegado el lamento, del que se desespera, del que ya no aguanta la noche entera, y antes de las cuatro, a casa se quiere pirar.
OOH, No! Dulce primavera, que acaricias mi negra cabellera, llena de gomina Coiffant Casino, (de venta en el Carrefour franchute), y mis ojos claros se deslumbran en su imaginación, mirando con morriña a esos montes Pirineos, escudriñando por donde queda el Ebro, sin observar un pepino, con tanta niebla en medio y nubarrón. Esta Francia es, UH, fría, solitaria, triste, fría; con un frodo que no veas! Frodo que las orejas congela y te hiela el corazón. Tanto rugby y tanto tema, dónde coño quedó el fútbol? Dónde fueron las pachanguitas guapas con Héctor, Manu, Míguel y los kaskus? Donde están esos Gonzalo, Goyo y Ozaeta? Dónde España, mi Madrid, mi pesca? Ese pantano de Valmayor!?
OH, No! Y encima me roban el tema! Adiós cañas, adiós señuelos! Hasta la vista paseantes! Mierda de franceses, putos gabachos ladrones! Desplumarme así el Ibiza, con tan poca ligereza, tan llenos de aspereza, tocándome los cojones, privándome de millones de horas muertas y dinero en el Moyá Deportes. Esta tierra tan guapa, ya no lo pinta así; me deprimo estando aquí, los echo de menos a todos: a ese Álex, a ese Ben, a ese Hristo también! Necesito echarme unas risas, beber birras y copitas, por los Gambrinus y garitos de Moncloa, olvidarme de les bleus por ahora, decir hasta pronto a las pibiñas de Montpellier y volver a ligar con las españolas.

      (Entran en medio de la niebla los Tres Brujos Cabroncetes)
BRUJO CABRONCETE JAIME:  Mirad, mirad, primos; ahí está el desdichado!
BRUJO CABRONCETE RUBEN:  Solito y to’ desamparado!
BRUJO CABRONCETE MIKY:  Y lejos de su coche tuneado!
BC JAIME:  Démosle nuestro mensaje raro, rarito, raro.
BC MIKY:  Que coja su coche cual rallye…
BC RUBEN:  …Y marche pa’ España pitando!
JOSE:  UH! Quién es, quién me llama?
BRUJOS:  Tres malditos, antes de la mañana!
BC RUBEN: Te llama la pesquita toa guapa.
BC JAIME: La patria te llama!
BC MIKY: La nolstalgia te llama!
JOSE: Malditos se ha dicho? OOOH, TÍO! Que acojoning me entra, de oir sus voces quebradas, UH! qué chungo me siento, que mala idea este pirulo, me vuelvo a la kelly ahora mismo!
BC MIKY: Más tarde quizás, no ahora mismo!
BC RUBEN: Primero nos has de escuchar, pues no nos da lo mismo.
BC JAIME: Pero tú mismo, eh? Con tu mecanismo…
JOSE: Qué extraña ensoñación es esta? Fruto de la niebla nocturna? Del frodo? Una treta del destino? Unos brujos adivinos? Acaso disfrazados tres franceses? Vaciloncetes, cabroncetes, mariconcetes y catetos? Atrapado me veo, OH, sí! Rodeado por anacletos…
BC MIKY: Tranquilo, Jose, tranquilo! No venimos a echarte un kiki!
BC RUBEN: Sí, hazle caso a Miky!
BC JAIME: De los rallyes es un friki…
BC MIKY: Acudimos a ti porque leemos tu futuro en las estrellas y en los vasos de chupito, tu sino es volver a tu país, regresar a Madrid, recuperar tu trono de galán perdido.
BC RUBEN: La noche, la fiesta, tus dos hijas huérfanas; ellas te necesitan! Aquí ya no pintas nada, pues las chicas ya han sido caladas y otras nuevas allí aguardan.
BC JAIME: Juergas te esperan!
BC MIKY: Has dicho “cerdas”?
BC JAIME: Que si he dicho “vergas”?
BC RUBEN: Has dicho “juergas”!
BRUJOS: Haznos caso y márchate, abandona este lugar mezquino!
JOSE: Y si mi destino fuera, desatender este destino, y quedar fuera?
BRUJOS: Lo harías con tino?
JOSE: OH, sí.
BRUJOS: Ni hablar se ha dicho! La rayada te aguarda, de no seguir nuestro camino! Obedece sin demora, ya se ha hecho mucha hora de que te alejes de la France. Tira millas hacia Villalba, coge tus cosas y vete. Evita el enfado de este Oráculo y Aquelarre, busca allí a tus amigos y reinstaura tu honor que por olvidado, fue perdido.
BC RUBEN: Monta mañana por la mañana en el Ibiza to’ guapo y acelera, shiiiii! [*silbido mítico de Ruben]
BC JAIME: Sí, monta esta vez “al coche”!
BC MIKY: Como si fuera en un rallye, con todo curvas abiertas, en quinta y ras!
BRUJOS: Y recuerda que de Francia, mañana por fin te vas!

      (Se van los Tres Brujos Cabroncetes entre la niebla. Queda Jose solo)
JOSE: Habrase visto cosa tan rara! UUUUH, QUÉ MAL! No se qué me sentó peor: dejar tirada a esa museta antes en el coche; el pirulo, que no ayuda en la noche; o lo que le echan en esta tierra gala al Brugal. Mas una cosa queda clara, sean esos tres embusteros o profetas, yo nunca tomo anfetas, no estoy ni pedo, ni drogado, ni tampoco falto de sueño… o es que acaso he soñado? Pero, y si andase yo soñando? No tendrán mis sueños razón? Que aquí no soy feliz y quiero volver a España, a ver a toda la peña, a darles mucha caña?
Sí, me lo dicta el corazón. No se hable más entonces, que ya está todo dicho. Seguiré vuestro consejo! (grita ladera abajo hacia la niebla) Lo seguiré como a un padre, su hijo. Mañana parto a Villalba, dejo esto; me rindo. Que no se me olvide mi caña, que en el viaje la necesito.

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Wednesday, November 28, 2007

Cuentos en una frase

Hace algún tiempo (no recuerdo donde, ni cuando, ni como) oí hablar acerca de una idea que me pareció deslumbrante por su originalidad y fabulosa por el poder que entrañaba. Se trata de la creación de relatos fantásticos escritos en tan solo una frase. Aunque admito que en un primer momento la propuesta puede desconcertar e incluso resultar ridícula, en su día me bastó un breve ejemplo de ello para despertar en mí toda una inquietud voraz por hacer lo mismo en este blog. Y he decidido que hoy era el día.
En la web www.onesentence.org han ideado lo mismo a partir de vivencias personales de la gente que voluntariamente colabora en esa página. Sin embargo yo prefiero ir más allá y en la Cueva RetRaiveR todos los relatos que encontraréis serán inventados, como si de minúsculas novelas se tratasen. El ejemplo al que me refería anteriormente es el mismo (bueno, más o menos :-P) con el que voy a empezar esta colección de posts que he titulado Cuentos en una frase. Para todos los que leáis este blog, pretendo que sea una recopilación de pequeñas historias de no más de tres líneas sobre cualquier cosa que se me ocurra con el fin de picar vuestra curiosidad y estimular como nadie vuestra imaginación. De hecho, si consigo con ello que os paréis a pensar unos instantes sobre cada historia y os sumerjáis de lleno en ellas, me doy por más que satisfecho. Si no, espero que al menos os resulten divertidas.


El viejo y bohemio Cuentacuentos lleva muerto más de 6000 años, pero desde la ultratumba continúa su inacabada labor de escribir historias sobre la vida, la filosofía y la muerte, a ritmo de pluma de oscuro marrón en manuscritos de papiro antiguo. Su bata granate luce desgastada por la eternidad y el brillo apagado de sus ojos se refleja tenue en una vela de su escritorio que se marchita poco a poco con el paso de los días. Su larga melena, antaño rubia, cae liviana sobre sus frágiles hombros cubiertos de polvo, resaltando los marcados rasgos de su cara de carne putrefacta. Caballero de escritura ágil y caminar torpe, de la vieja escuela, miembro respetable del Panteón de los Eruditos, con pañuelo bordado de seda al cuello y bastón apoyado en el respaldo de su silla; Cuentacuentos lleva siglos luchando contra los derechos de autor y el Copyright le tiene frito, pero persiste en su lucha legendaria por hacerse un hueco entre los grandes de la literatura. Hoy ofrece la primera de sus obras maestras escritas en una frase. Un clásico entre los clásicos titulado Viaje a la prehistoria:

“Cuando despertó por el zumbido de los mosquitos gigantes, el dinosaurio todavía seguía allí, acechando hambriento entre la maleza”

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Tuesday, November 6, 2007

Pedanteitor: clase universitaria

Pedanteitor es el pelota definitivo. El engreído integral que solo algunos llevan dentro; aquellos demasiado vanidosos como para rebajar su personalidad superior al resto. Pedanteitor está por todas partes, se camufla entre la gente. Puede aparecer en el café, en el trabajo, incluso en un garito. Frecuentemente se deja caer por las clases de las distintas carreras universitarias… para impresionar a todo profesor o alumno que se le ponga a tiro. Él no habla nuestro idioma; habla el lenguaje de los libros enrevesados de Derecho. Viste con aire de empollón refinado y suele llevar gafas, aunque no siempre ocurre así. En caso de que te encuentres con él, no te pongas nervioso. Pedanteitor huele el miedo. Simplemente espera tu oportunidad para dejarlo mal. No hay cosa que le moleste más que eso…


“Todo ocurrió aquella mañana de primeros de noviembre en mi clase de Derecho Político. Recuerdo que estaba sentado en las primeras filas, escorado hacia la parte derecha del aula. Desde mi posición tenía una buena visión de la mesa del profesor, con aquella obsoleta y sucia pizarra al fondo, colgada sobre la inmensa pared de yeso pintado de blanco. Era la primera vez que aparecía por la facultad tras el inesperado viaje por el centro de Europa. Al principio me costó enchufarme a la clase. Amparo Andúrez siempre hablaba muy despacio y con poca proyección de voz. Su tono se escuchaba viejo, áspero y débil como la rama reseca de un árbol caído. Sus discursos, aburridos, consistían en el dictado monótono del manual de la asignatura, poco interesante en lo que llevábamos de curso.
Entonces me fijé en Fernando. Estaba sentado en la primera fila, en la parte izquierda, justo enfrente de la figura solemne de la profesora, que continuaba a lo suyo hablando como un disco rallado. Fernando del Castillo. En lo que iba de mañana había oído hablar de él. Tenía fama de chulo y de ser algo pedante al hablar. Tratando de distraerme lo menos posible, aparté esos comentarios de la gente sobre Fernando y me dispuse a atender ya en serio las soporíferas explicaciones de la constitución del Parlamento. Sin embargo, el propio Fernando enseguida se iba a encargar de corroborar todos esos rumores…
-A ver, por favor, un poco de silencio, que un compañero vuestro tiene una pregunta -dijo la profesora al comprobar que Fernando, en un clima de creciente murmullo y risitas contenidas, levantaba su mano izquierda.
-Con el debido respeto, me temo que discrepo en eso últmo -dijo con tono firme y contundente.
-Cómo dices? -respondió sorprendida la profesora entre las primeras risas y cuchicheos del resto de la clase- Silencio, por favor! A qué te refieres, Fernando?
Recuerdo que Fernando se acomodó en la silla con calma mientras preparaba su discurso. Parecía muy concentrado en lo que estaba a punto de decir y le importaba más bien poco el movimiento que su intervención había generado en la clase. Incluso me atrevería a decir que disfrutaba con la expectación que levantaba entre todos nosotros.
-He de decir -comenzó forzando una mueca-, que no es que pudiésemos asistir a un compendio de incorrecciones jurídicas a nivel constitucional de la configuración intrínseca de las comisiones de investigación.
Algunos de los que estaban sentados al fondo se echaron a reír y a soltar algunos comentarios ofensivos a Fernando. Yo alucinaba con su retórica y sus gestos de político conciliador, pero escuchaba atento:
-Todo el mundo sabe, estimada Amparo, que la labor parlamentaria de las comisiones debiese prestar un servicio más equilibrado que las consideraciones que Usted y el profesor Navarro Valles, efectúan en su libro sobre las mismas. Lo realizan de forma rigurosa, eso hay que admitirlo; pero entiéndame que poco precisa para lo que cabe esperar por parte de éste, su alumnado.
Ahora la carcajada fue general. Por mi parte, me había quedado tan flipado que perdí totalmente el hilo de la pregunta. La profesora mandó callar de manera más enérgica y añadió:
-Eso que insinúas, Fernando, es admisible. La verdad… creo que sé por donde vas, pero…
-Los plazos de deliberación.
-Ah, sí! Los plazos! Con vistas a la toma de decisiones importantes, no? La verdad…, mmm, no estoy segura de si te refieres a eso…
-A eso mismo -respondió con una sonrisa altiva de satisfacción-. Puede observarse, desde mi humilde criterio de estudiante de la profesión, un mismo problema de base en la aplicación resolutiva de criterios de eficiencia en la constitución de las comisiones parlamentarias y/o en la ventaja sine quanon que produce el servicio prestado desde el Senado.
La clase y yo mismo, ya sea por curiosidad, por incredulidad o por ambas cosas a la vez; habíamos ido guardando más y más silencio a medida que Fernando se explicaba. Amparo Andúrez, aquella viejecita de rudo carácter, voz cascada y semblante serio, sentenció la intervención diciendo:
-Je, je, je, cómo eres, Fernando! Revisaré tu trabajo esta misma tarde y te comentaré vía e-mail esa última apreciación.
Aitor Casado era todo lo contrario a Fernando: un tipo anárquico y poco aplicado, con peinado de rastas y apariencia desaliñada de porrero consumado. Era un poco pintas y solía sentarse por el final, pero aquella mañana lo tenía a mi lado. Justo entonces, medio en broma, medio en serio, me dijo lo siguiente:
-Yo creo que se la folla. Ya sabes; para que le ponga una buena nota.
Aquellas palabras, pese a que Aitor no procesaba la clase de humor que a mí me gusta, me hicieron gracia.


A la salida de clases me disponía a atravesar la puerta principal de la facultad para dirigirme hacia la parada de autobús rumbo a casa cuando de repente avisté a Fernando a lo lejos. Bajaba por el camino de detrás del edificio y en ese momento se quitó el disfraz de persona humana y descubrió su armadura morada y azul. Lo que había estado sospechando el resto del día se acababa de confirmar: Fernando era Pedanteitor, despiadado y prepotente”.  

 
   

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